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La construcción del lenguaje





Blog de Arquitectura 4 Proyecto Linder, FADU, UBA
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Enseñar arquitectura, aprender arquitectura
Los jóvenes acuden a la universidad, quieren ser arquitectos o arquitectas, quieren averiguar si poseen las cualidades para ello. ¿Qué es lo primero que se les transmite?
Lo primero que se les ha de explicar es que no se encontrarán con ningún maestro que plantee preguntas ante las cuales él sepa de antemano la respuesta. Hacer arquitectura significa plantearse uno mismo preguntas, significa hallar, con el apoyo de los profesores, una respuesta propia mediante una serie de aproximaciones y movimientos circulares. Una y otra vez.
La fuerza de un buen proyecto reside en nosotros mismos y en nuestra capacidad de percibir el mundo con sentimiento y razón. Un buen proyecto arquitectónico es sensorial. Un buen proyecto arquitectónico es racional.
Antes de conocer siquiera la palabra arquitectura, todos nosotros ya la hemos vivido. Las raíces de nuestra comprensión de la arquitectura residen en nuestras primeras experiencias arquitectónicas: nuestra habitación, nuestra casa, nuestra calle, nuestra aldea, nuestra ciudad y nuestro paisaje son cosas que hemos experimentado antes y que después vamos comparando con los paisajes, las ciudades y las casas que se fueron añadiendo a nuestra experiencia. Las raíces de nuestro entendimiento de la arquitectura están en nuestra infancia, en nuestra juventud: residen en nuestra biografía. Los estudiantes deben aprender a trabajar conscientemente con sus vivencias personales y biográficas de la arquitectura, que son la base de sus proyectos. Los proyectos se abordan de manera que pongan en marcha todo ese proceso.
Nos preguntamos qué es lo que entonces nos gustó, nos impresionó, nos conmovió en esa casa, en esa ciudad, y por qué. Cómo estaba dispuesto el espacio, el lugar, qué aspecto tenía, qué olor había en el ambiente, cómo sonaban mis pasos, cómo resonaba mi voz, cómo sentía el suelo bajo mis pies, el picaporte en mi mano, cómo era la luz sobre las fachadas, el brillo de las paredes. ¿Era una sensación de estrechez o de amplitud, de intimidad o vastedad?
Pavimentos de listones de madera como ligeras membranas, pesadas masas pétreas, telas suaves, granito pulido, cuero delicado, acero rudo, caoba bruñida, vidrio cristalino, asfalto blando recalentado por el sol; he aquí los materiales de los arquitectos, nuestros materiales. Los conocemos a todos ellos y, sin embargo, no los conocemos. Para proyectar, para inventar arquitecturas, debemos aprender a tratarlos de una forma consciente. Eso es un trabajo de investigación; eso es un trabajo de rememoración.
La arquitectura es siempre una materia concreta; no es abstracta, sino concreta. Un proyecto sobre el papel no es arquitectura, sino únicamente una representación más o menos defectuosa de lo que es la arquitectura, comparable con las notas musicales. La música precisa de su ejecución. La arquitectura necesita ser ejecutada. Luego surge su cuerpo, que es siempre algo sensorial.
Todos los trabajos del proyecto del primer curso de arquitectura parten de la sensualidad corporal y objetual de las arquitecturas, de su materialidad. Experimentar la arquitectura de una forma concreta, es decir, tocar su cuerpo, ver, oír, oler. Los temas del curso son descubrir esas cualidades y, después, saber tratar con ellas conscientemente.
En todos los ejercicios se trabaja con materiales reales, se apunta siempre, y de una forma directa, a objetos concretos, cosas e instalaciones hechas de materiales reales (barro, piedra, cobre, acero, fieltro, tela, madera, yeso, ladrillo, etc.). No hay maquetas de cartón. Lo que se debe producir no son, en absoluto, «maquetas», en su sentido habitual, sino objetos concretos, trabajos plásticos a una determinada escala.
Incluso el dibujo de planos a escala debe partir siempre de un objeto concreto (aquí el orden habitual en la práctica arquitectónica -idea, plano, modelo, objeto concreto- se invierte). Primero se crean los objetos concretos y más tarde se dibujan a escala. E incluso la comprensión de las distintas dimensiones de la escala en la arquitectura se estudia en objetos concretos (por ejemplo, tomando medidas de una sección transversal o longitudinal de un trazado viario, dibujos detallados de un espacio interior existente, etc.).
Llevamos en nuestro interior imágenes de las arquitecturas que nos han ido configurando, y podemos hacer revivir estas imágenes en nuestro espíritu y hacerles preguntas, pero de todo esto no surge aún un nuevo proyecto, ninguna nueva arquitectura. Todo proyecto ansía tener imágenes nuevas, nuestras «viejas» imágenes únicamente nos pueden ayudar a encontrar las nuevas.
Pensar en imágenes al proyectar algo entraña siempre pensar en la totalidad. Pues, por su naturaleza, la imagen muestra siempre la estructura total del sector de la realidad imaginada objeto de consideración, como, por ejemplo, la pared y el suelo, el techo y los materiales, la atmósfera luminosa y la tonalidad de un espacio. E incluso, igual que en el cine, vemos todos los detalles en la transición del suelo a la pared y de la pared a la ventana.
Es evidente que, con frecuencia, estos elementos no están ahí al comenzar un proyecto, cuando intentamos hacemos una imagen del objeto que estamos pensando. La mayor parte de las veces, la imagen es incompleta al comienzo del proceso del proyecto, de modo que nos esforzamos por volver a concebir y clarificar una y otra vez el tema de nuestro proyecto, a fin de que las partes que faltan encajen en nuestra imagen. O, dicho de otro modo: proyectamos. La clara y concreta perceptibilidad de las imágenes que nos representamos nos ayuda a hacerlo, a no perdernos en la esterilidad de abstractas hipótesis teóricas, a no perder el contacto con las cualidades de concreción de la arquitectura. Nos ayuda a no enamoramos de la calidad gráfica de nuestros dibujos y a no confundirla con lo que constituye realmente una cualidad arquitectónica.
Producir imágenes interiores es un proceso natural que todos nosotros conocemos. Forma parte del pensamiento.
Un pensamiento asociativo, salvaje, libre, ordenado y sistemático en imágenes, imágenes arquitectónicas, espaciales, en color y sensoriales; he aquí mi definición preferida del proyectar. Me gustaría transmitir a los estudiantes que el método adecuado para proyectar es ese pensar en imágenes.
Peter Zumthor
1996
Pensar la Arquitectura
Editorial Gustavo Gili.
NOTA COMPLETA https://elpais.com/elpais/2017/03/10/eps/1489100703_148910.html
El británico, autor de una obra fundamental sobre la edificación moderna, asegura que un libro como el suyo no se acaba nunca. Tras sucesivas revisiones, prepara una nueva edición no eurocéntrica.OtrosConéctateEnviar por correoImprimir
CON 50 AÑOS, el arquitecto británico Kenneth Frampton (Woking, Inglaterra, 1930) firmó un libro fundamental que ordenaba su disciplina. Lo curioso de su Historia crítica de la arquitectura moderna (Gustavo Gili, 1980), que continúa publicándose traducida a 11 idiomas, es que han sido las sucesivas revisiones las que han dado solidez al análisis. En la primera, este catedrático de la Universidad de Columbia, donde todavía da clase de urbanismo, acuñó un término que convulsionó la propia modernidad de su título: regionalismo crítico. Se trataba de dar voz a los avances desde otras tradiciones: la modernidad intrínseca en la arquitectura mediterránea o la modernidad orgánica –más cercana al paisaje que a la abstracción– de la escandinava. “Un libro de referencia que busca resumir que el conocimiento no se acaba nunca”, declara Frampton en el paraninfo de la Universidad Politécnica de Madrid. Todavía lleva la toga y el birrete. Acaba de ser investido doctor honoris causa, el tercer arquitecto en recibir este reconocimiento tras Félix Candela y Norman Foster.
“la historia se ha concentrado en las obras de los arquitectos. Es hora de reivindicar a muchas mujeres”.
Frampton, que lleva más de medio siglo asentado en Nueva York, señala que a veces es la vida la que cambia y obliga a corregir el contenido de un libro. Como cuando la arquitectura indagó en el deconstructivismo o como cuando ha reflejado la lógica de la sostenibilidad para no dañar el planeta. Sin embargo, admite que en otras ocasiones las enmiendas vienen motivadas por la autocrítica. “En la última revisión [que prepara para este año] no quiero presentar un mundo eurocéntrico: la arquitectura de China, India o África forma parte del planeta”.


Mezquita de Bait Ur Rouf, en Daca, Bangladés; y Casa Modernista da Rua Santa Cruz, de Gregori Warchavchik, en São Paulo.
¿Cómo decide un arquitecto abandonar su profesión para escribir su historia? “Cuando te das cuenta de que en esa historia hay muchos profesionales mejores que tú”, contesta sin rodeos. Fue Robin Middleton, editor de Thames & Hudson, quien le hizo el encargo de su vida. Recuerda que comenzó a publicarla por entregas, como las novelas del siglo XIX, porque cada capítulo aparecía en la revista World of Art.
Middleton le dio dos consejos fundamentales: “No necesitas una frase sobre algo que ya has dicho. Y no necesitas un adjetivo que no añada nada”. Hoy Frampton piensa que simplificar no es siempre positivo: “Mi historia necesita un lector atento. Los libros sin retórica requieren más atención”.

Kenneth Frampton, retratado en la Universidad Politécnica de Madrid tras ser investido doctor honoris causa.THOMAS CANET
Con 86 años, articula la mayor autocrítica a su libro: “Nos dejamos a una gran parte del mundo. Que no conozcas algo no quiere decir que no exista”. ¿Cómo se completa entonces una visión planetaria? ¿Cuánta distancia se necesita para escribir la historia de una disciplina? “Es necesario el convencimiento de que has visto cosas que merecen ser contadas. Y la humildad para dejar claro que lo que cuentas no es nunca la historia. Es tu historia”.

Parlamento de Daca, obra de Muzharul Islam.
El catedrático cuenta que ha procurado conocer todos los edificios de los que habla (“los que no, los he estudiado”) y admite que lo más fascinante son las casualidades. “Cuando visité al arquitecto de Bangladés Kashef Chowdhury, conocí el talento de su exmujer, Marina Tabassum. La historia de la arquitectura moderna está llena de uniones de gente con gran talento que acaban en divorcio. La atención se ha concentrado en uno solo de los lados, pero ha llegado el momento de revindicar a muchas de esas mujeres”, sostiene. Insiste en que urge prestar atención a quienes hicieron las cosas posibles, como Muzharul Islam, un arquitecto bangladesí que introdujo la modernidad en esa región de Asia. Llevó a Louis Kahn a construir el Parlamento en Daca y luego fundó allí la Escuela de Arquitectura. O Gregori Warchavchik, el emigrante ruso que llevó la modernidad a Brasil y levantó en São Paulo la primera casa moderna. Le Corbusier llegó 10 años más tarde.


Kenneth Frampton, retratado en la Universidad Politécnica de Madrid tras ser investido doctor honoris causa. THOMAS CANET
Como su propio libro, Frampton considera que la modernidad es un proyecto inacabado. “Y más un sinónimo de progreso que del despotismo del que se la ha acusado”. ¿Asistimos a la dubaización del mundo? “En Nueva York se construye un rascacielos tras otro. Y son construcciones anodinas. Irrelevantes culturalmente. Solo representan al mercado. No hay significado ni simbolismo. Se llama especulación y es la reina de nuestros días. No sé cuándo parará. Pero me niego a aceptar que eso sea una herencia del Movimiento Moderno. No es arquitectura. Es solo dinero”.

tema cortes 1:100
La corrección del jueves 30 de mayo se realizará en el taller con corrección grupal en la modalidad enchinchada, el tema central de la misma son los cortes.
Se entregarán mínimo dos cortes transversales en escala 1:100
Como soporte de la corrección se entregará, planta/plantas tipo esc, 1:100, 2 vistas esc 1:00, implantación esc 1:500, perspectivas/renders/maqueta de estudio
Premisas.
Espacialidad, Sistema estructural, sistema de Cerramientos.
Incorporar subsuelos, remates y salas de máquinas.
Representación, deberá expresar los temas y premisas propuestos, la técnicas de representación es libre y se evaluará su implementación.


link nota original
https://architizer.com/blog/inspiration/industry/worlds-thinnest-skyscraper-facts/
Construction of SHoP Architects’ slender, supertall building, the luxurious Steinway Tower at 111 West 57th Street, has reached a key milestone. The pencil-thin skyscraper topped last week, with its superstructure now complete and just an architectural crown left to be added.
“The superstructure completion of 111 West 57th Street is a major construction milestone,” JDS Development’s Michael Stern and Property Markets Group’s Kevin Maloney told YIMBY in a joint statement. “We are so proud of the design and construction of this building and are thrilled to share it with New Yorkers as it begins to fully come to fruition, including the imminent installation of the decorative crown, marking the official top off. This building was made by New Yorkers through and through, and that’s very exciting to us.”

The Steinway Tower approaches completion; photographs by Michael Young via YIMBY
As one of New York City’s most distinctive towers approaches completion, take in 10 standout facts about midtown’s latest architectural needle:
1. On completion, Steinway Tower will hold the title of world’s most slender skyscraper, with a width-to-height ratio of approximately 1:24.
2. The skyscraper will be 1,428 feet or 435 meters tall. This makes it taller than Rafael Viñoly’s 432 Park Avenue (1,396 feet) and ONE57 by Atelier Christian de Portzamparc (1,005 feet).

The evolution of the tower’s form; image via SHoP Architects
3. Steinway Tower boasts 82 floors. The first 5 will contain shared recreation spaces and high-end retail, while the upper 77 will house luxury apartments.
4. 111 West 57th Street is situated on what is known as Billionaire’s Row, named for the super-wealthy investors that are driving the construction of residential towers along 57th and adjacent streets. Other luxury towers on the 57th street include 432 Park Avenue, One 57 and Adrian Smith + Gordon Gill Architecture’s Central Park Tower.

The Steinway Tower approaches completion; photographs by Michael Young via YIMBY
5. The highest apartment is expected to fetch at least $100 million. This might seem high, but would be nothing out of the ordinary for New York: Billionaire Ken Griffin recently purchased the penthouse at 220 Central Park South for $238 million.
6. The building’s bronze and terracotta façade references New York’s art deco history, with slender mullions that curve upwards towards the crown.

A comparison of recent “super slender” skyscrapers with some of the world’s tallest buildings in the background -Steinway Tower is highlighted in red. Image via The Sksyscraper Museum
7. According to YIMBY, the tower’s construction required 49,000 cubic yards of concrete and 100 tons of rebar.
8. The tower’s tapering form was inspired by New York’s iconic early-20th century towers. SHoP Architects’ describe it as “a bold interpretation of what is possible within the requirements of the Midtown Manhattan zoning envelope.”

Rendering of 111 West 57th Street; image via SHoP Architects
9. The project uses the “air rights” of Steinway Hall, a 96-year-old historic building that housed concert halls and piano showrooms for the famous Steinway & Sons. Steinway Hall was sold to the developers of 111 West 57th Street in 2013.
10. The tower is perfectly aligned with the axis of Central Park, giving future residents a symmetrical view of this iconic public space, the Upper East Side and the Upper West Side.
https://www.dropbox.com/sh/q6e30nalgjdic96/AAD8ccpabb47j-6KBz9Y3A2Za?dl=0
les dejamos el link para descargar todas las presentaciones

https://www.designboom.com/architecture/laav-architects-beirut-legacy-concrete-modules-04-04-2019/
link nota completa en designboom


